Salimos de buena mañana en dirección a Els Ports. No teníamos mucho tiempo y la intención era ya esa misma mañana hacer alguna ruta por el Parque Nacional.
Entre el viaje y alguna pausa para que nuestra perrita pudiera pasear un poco y desayunar, llegamos sobre las 12h a la zona recreativa La Franqueta, un parking en medio del parque dónde salen varias rutas. La ruta que se recomienda es la de Els Estrets, que es una ruta que bordea el río y con espacios para tomar un bañito, pero íbamos justos de tiempo así que optamos por la ruta de “La cova d’en Picasso”, una ruta circular de aproximadamente una hora, que puede hacerse perfectamente con peques también.

Era un fin de semana con puente en Catalunya, pero fuimos solos prácticamente todo el rato. Después de la ruta, buscamos en Tripadvisor un restaurante que estuviera cerca y que se viera alguna terraza en las fotos (por el tema perrita) y acabamos en “Venta la Parra”, menú de carne a la brasa de 20€ en fin de semana, correcto.

Desde el restaurante fuimos al hotel que teníamos reservado en Prat de Compte, Ca l’Àngels, un hotel familiar dog friendly con un personal súper amable. Dejamos maletas y nos fuimos de ruta por la zona.

La primera parada que hicimos fue Corbera d’Ebre, conocida por ser un punto estratégico durante la batalla del Ebro de la Guerra Civil española. El antiguo pueblo está totalmente en ruinas desde la guerra y lo más impresionante es ver el estado de la iglesia, así como también la posterior restauración de la misma. Encontramos la taquilla de la entrada del antiguo pueblo cerrada, pero al llegar a la iglesia nos dijeron que para entrar era 2€ para la conservación y restauración del municipio y nos pareció más que razonable. Además el hombre que estaba en la iglesia nos dio permiso para entrar con la perrita, nos hizo una breve explicación del lugar y nos dejó subir al campanario. Él fue el que nos contó también que parte de la destrucción del municipio es posterior a la guerra… Que a pesar que era un lugar en el que se vivieron muchas batallas, a posteriori, algunas personas aprovecharon para saquear las pocas piedras que quedaban entre las ruinas para venderlas… Aun así, es un sitio especial que rebosa historia.

Después de la visita fuimos en busca de cooperativas de vino y paramos en Gandesa, dimos una vuelta por el centro y vimos que justo estaban llegando al Celler Cooperativo de Gandesa, un edificio de estilo modernista en el centro del pueblo, los tractores llenos de uva para vender y pudimos ver cómo funcionaba todo el proceso. Y por supuesto, después de verlo, entramos en la cooperativa para comprar alguno de sus vinos.

Para cenar, decidimos ir a Horta Sant Joan ya que nos comentaron que eran fiestas. Buscamos alguna terracita dónde poder comer algo con la perra y poder disfrutar de las fiestas. No fue tarea fácil, pero encontramos una mesa en la plaza del pueblo y allí nos quedamos.