Nuestro segundo dia en Ginebra lo empezamos yendo de excursión hasta el Mont Salève. Es un mirador espectacular de Ginebra. Es una montaña que está a unos 1.100 metros de altitud y para llegar puedes subir con teleférico. Bueno, también hay una ruta a pie, pero lo más rápido es con el teleférico. De hecho, el Mont Salève está en suelo francés, así que ¡cambiamos de país por unas horas!

Para ir desde el centro de Ginebra tomamos el bus urbano número 8 “Veyrier-Douane”. De hecho, Veyrier-Douane es la última parada así que disfrutad del viaje en bus sin preocuparos de las paradas. Luego hay que caminar unos 5 o 10 minutos hasta el Téléphérique du Salève. Está indicado así que no tiene pérdida. Allí compramos el ticket. Ida y vuelta nos costó 11,90€ por persona. Como os decía, ya estamos en suelo francés, así que ahí se paga en Euros y no en francos suizos.

En 5 minutos el teleférico te deja arriba. Allí podréis disfrutar de un espectacular mirador de Ginebra, siempre y cuando el tiempo os lo permita…. Lluvia, nieve, niebla… También hay varias rutas de senderismo. Están diferenciadas por colores y son circulares. Nosotros decidimos hacer la ruta azul. En las indicaciones ponía que se tardaba unas 2 horas. Tardamos 2 horas y media, pero fuimos lentos por la nieve y el frío. Así que supongo que depende de la época del año, en 2 horas se puede hacer. No es muy complicado. Solo hay que ir siguiendo los palos marcados de azul.

Después de la excursión, fuimos de vuelta a Ginebra. Fuimos a ver el Halle de Rive. Es un mercado interior muy bonito. Parecido a La Boqueria en Barcelona, pero mucho más moderno. A parte de carnicerias, pescaderias, etc. hay un montón de restaurantes y bares para comer.
Por la tarde, después de comer, paseamos por todo el centro de Ginebra. No es una ciudad muy grande, así que podéis perderos por sus calles viendo todos los sitios más emblemáticos sin que las distancias sean enormes.

Vimos la Catedral de Ginebra (Saint Peter’s Cathedral), un antiguo almacén de pólvora, el Ayuntamiento (Hôtel de Ville de Genève). Delante del ayuntamiento también hay el banco para sentarse más largo del mundo. Vimos también la Place Neuve, el Promenade des Bastions, un parque donde podréis ver a gente jugando al ajedrez gigante. De hecho, os podéis poner a jugar si os apetece, ya sea entre vosotros o retando a algún ginebrino.

Luego fuimos a la Plaine de Plainpalais donde había el mercado de las pulgas, un mercado de segunda mano. Y también había instalada una feria.

Después tomamos un ferry de Molard a Paquis y fuimos a pie hasta un faro a orillas del Lago Lemán.

Tampoco perdimos la oportunidad de pasear por el Manor, el centro comercial más famoso de Ginebra. Y es que es el sitio ideal para comprar el auténtico chocolate suizo así como el queso que queráis.
Después de descansar un ratito en el hotel (las distancias son pequeñas en Ginebra, pero ¡andamos un montón!), fuimos antes de cenar a pasear por Les Grottes. Les Grottes es un barrio cerca del centro, donde podréis descubrir una Ginebra totalmente diferente. Está llena de casas con una arquitectura totalmente inusual, edificios ondulados que recuerdan a la obra del catalán Salvador Dalí, uno de los iconos del surrealismo.

De hecho, Les Grottes es conocido como “la ciudad de los pitufos”, ya que los edificios nos hacen recordar a las setas donde vivían estos dibujos animados. Por cierto, una foto imprescindible del barrio es su famosa lagartija.

Para cenar queríamos probar la famosa fondue de Ginebra. Así que buscamos en Tripadvisor para asegurar el tiro y nos decidimos por el restaurante “Auberge de Savièse”. Comimos una fondue riquísima. Pero, como suele suceder en estos casos, no fuimos los únicos que buscamos en Tripadvisor donde comer la mejor fondue de Ginebra. Así que nuestro consejo, haced reserva, ya que ¡el restaurante está llenísimo! De hecho, nosotros tuvimos que esperar unos 30 minutos y porque éramos dos. Así que id a lo seguro y haced reserva previamente.