Nuestro último día en Milán, consistía básicamente en medio día, ya que el avión salía de vuelta por la tarde. Así que disponíamos de una mañana antes de dirigirnos de nuevo al aeropuerto.

Fuimos a ver el Arco della Pace. Para llegar hasta ahí, paseamos de nuevo por la Via Dante hasta llegar al Castillo Sforzesco. Pues bien, detrás del Castillo hay unos jardines enormes, un parque enorme para pasear tranquilamente, correr, ir en bici, ¡lo que queráis! Y, al final del parque, se encuentra el Arco della Pace. Ir y volver por el parque tranquilamente puedes tarda unos 30 minutos más o menos.

Como ya habíamos paseado por las zonas más céntricas el primer día y el segundo por la noche, decidimos viajar con el tranvía por la ciudad para llegar a los sitios más apartados.
Con el tranvía fuimos a ver el Cementerio Monumental. Sí, ya sé que suena un poco macabro. ¿Tienen un fin de semana de vacaciones y se van a un cementerio? Hacedme caso, ¡vale la pena! Es enorme, al aire libre y su gran encanto es el gran número de tumbas de alto nivel artístico que posee. De verdad que es un lugar muy bonito.

Y desde el cementerio, tomamos un metro para ir a otro templo, pero esta vez de fútbol… ¡El estadio de San Siro! Uno de los estadios más famosos de Europa, sede de los dos clubes más importantes de la ciudad: el A.C. Milan y el Inter de Milán.

Después de este apunte futbolístico, regresamos al centro para buscar un sitio donde comer y ya luego coger de nuevo el bus para volvernos al aeropuerto de Milán Malpensa y poner así punto y final a una escapadita de fin de semana en Milán.