Empezamos el día desayunando en la misma habitación con comida que compramos el día anterior en el supermercado. Es una forma de que te salga todo más barato y también puedes arrancar antes.
Así que, sin más dilaciones, nos pusimos en marcha en dirección a Smiltyne para tomar el ferry de vuelta a Klaipeda. ¿Os acordáis que en el día anterior nos encontramos un peaje donde tuvimos que pagar 20€ para continuar? ¡Pues es solo para acceder al Istmo de Curlandia! ¡Qué grata sorpresa nos llevamos al irnos y comprobar que el peaje sólo está en un lado de la carretera y que en esta ocasión no teníamos que pagar! Pero las sorpresas no terminaron aquí.
Llegamos hasta Smiltyne para coger el ferry y cuando nos pensábamos que deberíamos comprar el ticket de vuelta de 11,85€ igual que en la ida, vimos que no. ¡Que para salir del istmo el ferry es gratuito!
Así que, con una sonrisa de oreja a oreja, llegamos a Klaipeda y decidimos dar una vuelta por el centro. La verdad es que en Klaipeda no hay mucho que ver. El casco antiguo es bastante pequeño y en más o menos 30 minutos está hecho.

Es bastante sencillo y rápido de ver. El único problema es que prácticamente todo está escrito en lituano. Hay muy pocas explicaciones en inglés. Así que te paseas por el Museo descubriendo la historia de Klaipeda pero a través de imágenes, ya que de lituano entendíamos más bien poco.
De Klaipeda nos dirigimos hasta Palanga, a 30 km. de distancia. Palanga es un pueblo de costa ¡súper turístico! Una calle peatonal muy grande te lleva hasta la playa. ¡Parecía Las Vegas o Times Square a la lituana! Restaurantes, bares, tiendas de souvenirs, juegos recreativos como en las ferias, etc.


