Nos levantamos, fuimos a comprar distintos panecillos variados con pepitas típicos alemanes a la Bäckerei y desayunamos en el apartamento. Del apartamento nos dirijimos a la estación de Isartor, que era la estación de cercanías más cercana que teníamos, y cogimos el tren hasta Dachau. El trayecto dura unos 20 minutos.
Una vez en Dachau, puedes ir al campo de concentración andando, en unos 20 minutos, o en bus. El paseo no está mal, pero es simplemente un pueblo típico alemán bastante gris para nuestro gusto. Para llegar al campo de concentración deberás seguir los carteles de Gedenkstätte.
Una vez llegas al campo, verás la escalofriante puerta metálica con la frase «Arbeit macht frei», que en español significaría, «El trabajo libera». La entrada a los campos de concentración que se pueden visitar, son gratuitas, pero en cualquier caso, y más en Dachau, os recomendaría alquilar una audioguía para guiaros en la visita. Las tienen en español y costaban unos 2€.
No es una experiencia agradable visitar un campo de concentración como os podéis imaginar, pero es algo que pasó en la historia y que debemos ser concientes de ello para que no vuelva a pasar jamás y creo que este es el motivo principal por el que se tiene que ir a visitar.
Por temas laborales, como guía de viajes, me ha tocado visitar más campos de concentración como Matthausen y Sachsenhausen, y realmente el mejor estructurado a nivel de visita, explicación y percepción de los escalofriantes hechos que ocurrieron en los campos de concentración, es sin duda Dachau. En Dachau puedes visitar un barracón de prisioneros con sus camas, letrinas y comedor y que te muestra la evolución de los mismos a medida que iban aumentando los presos, las duchas de verdad, las otras duchas, el crematorio, el patio con sus enormes muros, torres de control, vallas con espinas… el edificio principal dónde hay una exposición muy bien estructurada del campo, los presos, el día a día, los que por suerte sobrevivieron y los miles que por desgracia, murieron.
Después de la visita te vas con muy mal cuerpo y mucho que pensar de la barbarie humana… , pero debíamos continuar la ruta.
Decidimos comer algo en Dachau antes de volver a Munich. En Dachau realmente no hay muchas opciones, pero poco antes de la estación encontramos un tenderete rollo kiosko con mesas exteriores para comer alguna Currywurst, Kartoffelnsalat (ensalada de patata que recomiendo) o patatas fritas y un refresco, por unos 6€ por persona. Así que comimos allí y de vuelta al tren para Munich.
Aprovechando que habíamos comprado el billete de transporte, decidimos ir a ver el Allianz Arena, si… Íbamos con dos chicos muy aficionados al futbol que querían visitarlo aunque fuera desde el exterior. El campo de futbol está a las afueras y lo mejor para llegar es coger el metro desde Marienplatz, así que eso hicimos.
Vimos el estadio desde fuera, no soy fan del fútbol, pero a nivel arquitectónico es espectacular y también entramos en la tienda a comprar algún souvenir del Bayern München.
De vuelta fuimos a descansar un poco al apartamento, ya que por la noche (contad como noche para cenar, las 19:30h o 20h) queríamos ir a cenar algo típico.
Encontramos un restaurante que por sus clientes nos pareció bastante bávaro y no muy caro cerca de Sendlinger Tor, así que allí nos quedamos a cenar unos estupendos käsespätzel (son típicos de la zona de Stuttgart , pero me encantan), Schweinhaxe, Wienerschnitzel… Y Weissbier (cerveza de trigo) y a compartir los platos entre todos para probar el máximo.